Alejandría felicita al gran maestro y amigo Armando Eguiza por su merecidísimo premio con La Esclava XIV en la 8ª Bienal de Pintura y Grabado "Alfredo Zalce"

Armando Eguiza y su obra La Esclava XIV

 
 

Distrito Federal. 2001. Mis ganas de irme a otro lugar se fueron desvaneciendo cuando encontré otra vida qué vivir. Poco a poco me fui volviendo estable, predecible, tranquilo, andaba con paso despreocupado por las calles, entraba en los lugares y nadie me conocía, era de nuevo, y convenientemente, una sombra, y las tentaciones me tenían sin cuidado.

 

El giro que la vida dio me puso todo lo que necesitaba al alcance de la mano. Así,

teniendo yo trabajo, salud y cierto confort en términos generales no tenía para qué  irme. Fueron años buenos, años tranquilos. Todo giraba alrededor de mi ciudad, mi vida era un continuo ir y venir con un montón de cosas qué hacer, y un montón más que se quedaban pendientes, mi agenda se encontraba ocupada con semanas de anticipación. Siempre estaba ocupado, pero no entendía muy bien en qué.

 

Mis raíces eran fuertes, mi curiosidad por emigrar estaba olvidada en algún rincón, pertenecía al lugar donde por las tardes era el encargado de uno de los hoteles del señor Schatz, en Polanco. Él me dio el voto de confianza para ponerme en un puesto privilegiado en su organización, y yo le respondía con trabajo. Cada uno cumplía diligentemente con su parte, y de esa manera ambos no teníamos motivos para quejarnos.

      

La Nochebuena de ese año el hotel estaba bastante tranquilo, casi todos habían salido a festejar desde temprano, de modo que tuve un tiempo para llamarle a mis amistades más cercanas, era una buena ocasión para mantener el contacto y enterarme qué habían hecho con su vida. La curiosidad me llevó a marcar a la casa de Leonardo. ¿Qué habría sido de él? Me lo imaginaba. La pura billetiza en el Norte de seguro. Carro del año. Cadenas de oro, gafas oscuras de diseñador, un Rolex y joyas a granel. Sonreí para mis adentros al imaginarlo paseando en las calles de Estados Unidos con una rubia en cada mano.

 

Sin embargo, la idea en mi mente era sólo un feliz extravío, muy lejos de la realidad.

 

Su mamá contestó el teléfono. La salude, pregunté por mi amigo. A la señora le sorprendió mi llamada, me preguntó si ya me había enterado. No entendí a qué se refería. Me dijo con la voz entrecortada que Leonardo ya había regresado. Me alegré mucho. Demasiado. Tenía muchas cosas qué contarle, había otras tantas que podríamos hacer aun. Le pedí que me lo comunicara. Imposible.

 

Ya había sido sepultado.

 

Tuvo un accidente en Texas, trabajaba en la construcción, se cayó de un quinto piso. Tenía un par de días que sus primos habían traído el cuerpo.

 

Fue una amarga Navidad. 

 

 
 
 
 

Bienvenidos

Alejandría fue una ciudad de altos muros y de cara al mar. Al despuntar el alba, las caravanas de camellos y las velas blancas ahí se reunían. Punto nodal, cruce de caminos y creencias. En sus bagajes y paquetes viajaban la seda y las especies, el marfil y la porcelana, a cambio de oro y plata. Pero más importante que el comercio de productos fue el intercambio de ideas. En la antigüedad, ahí se encontraron la milenaria tradición egipcia y la joven razón griega; más adelante la cruz y la media luna tendrán un encuentro semejante.

 

El corazón de Alejandría no era su faro, ni sus muelles, ni siquiera su centro comercial. El corazón de Alejandría era su enorme biblioteca que albergó a la mayor colección de libros del mundo antiguo. Pero la biblioteca no era un recinto donde se almacenaba el saber acabado, era un lugar donde se creaba conocimiento, un espacio dinámico, vivo y activo por aquellos que lo habitaban. La comunidad de sabios que ahí se reunían, se dieron a la tarea de custodiar y sistematizar el conocimiento que recibieron como herencia de los siglos anteriores y, a la vez, creaban y le daban forma a nuevos saberes, ahondaban y profundizaban en los ya existentes, daban aportes, se atrevían a interpretar y soñar.

 

La vida es un sueño. Somos el resultado de nuestras propias ideas; el fragmento temporal de nuestro constante devenir existencial que construye sistemas ideológicos que nos confirman nuestro ser. La vida, las metas, los miedos, los valores, los mecanismos, las posibilidades de acción, las decisiones, la afectación que nos provocan los eventos, el quehacer cotidiano, la realidad tangible. Todo no es más que nuestra propia interpretación y la forma que actuamos en razón de esta.

 

Ésta, nuestra propia Alejandría virtual e imaginaria, nos permite libremente expresarnos como los antiguos sabios y generar nuevas estructuras ideológicas que nos arrojen una visión diferente del mundo que conocemos mediante el enriquecimiento intelectual y espiritual, así como proponer formas alternativas de ver el mundo en el que vivimos.

 

Camina por nuestras calles, lee nuestras paredes, ayúdanos a entender lo que nos rodea, muéstranos la magia que ves y sientes, construyamos juntos nuevos sueños que parirán eras de nuevas realidades.

 

Bienvenido seas.

 Abraxas dal Domic.

Contacto:  contacto@alejandria.ws 

 

 
 
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